La Rhetorica ad Herennium

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Problemas del texto

Datación

A juzgar por determinadas alusiones del texto, esta obra vio la luz no antes del 86 aC, ni después del 82, y parece mantener una clara conexión con el enrarecido clima político de la época, como se advierte en su destinatario, Gayo Herenio, de familia plebeya, partidario de Mario y sus populares y que llegó a su apogeo de cargos públicos precisamente entre los años 101 y 90 aC, en el momento de mayor esplendor de Mario. Este Gayo Herenio parece ser el tribuno que se opuso a Sila en 80 aC, que fue condenado alrededor del 70 aC, que luchó junto a Sertorio en Hispania en 75 aC. y que allí murió. Siendo esto así, la Rhetorica ad Herennium debe ser inscrita en el ámbito político de los populares y en el académico de los rétores latinos a los que se refiere el edicto del 91 aC.

Autoría

En cuanto al autor, durante toda la Edad Media se creyó que fue el propio Cicerón, siendo aún muy joven; de hecho, circuló junto con el De inuentione ciceroniano bajo el nombre de Rhetorica noua o Rhetorica secunda, igual que el resto de las obras retóricas conocidas de Cicerón fueron englobadas bajo el nombre de Rhetorica uetus o Rhetorica prima.
Sólo en el Renacimiento, después de la recuperación de las Institutiones Rhetoricæ de Quintiliano, se empieza a dudar de esa atribución y se postula a un tal Cornificio como autor; desde ese momento, se abre una discusión sobre si el autor fue Cicerón, ese Cornificio o algún otro rétor desconocido, postura que llega hasta nuestros días: ya nadie cree que Cicerón escribiera una obra como la Rhetorica ad Herennium -por el estilo, por las ideas y por la filiación política que deja traslucir-, pero todavía se defienden argumentos en favor de Cornificio o de un autor anónimo al que, sólo por comodidad, se tiende a denominar Pseudo-Cicerón o [Cicerón], entre corchetes.

La obra

La Rhetorica ad Herennium, con independencia de los problemas que suscita su contexto histórico, su autoría y hasta su datación, es, seguramente, el primer gran manual de Retórica redactado en latín, se inscribe en un sistema de enseñanza que va a permanecer invariable con Cicerón, con Quintiliano y con el propio Agustín de Hipona, y hunde sus raíces teóricas en Aristóteles y Hermágoras.
En efecto, los manuales retóricos de época helenística atienden primero a las tareas del orador -la aristotélica Retórica a Alejandro ya habla de la invención, la disposición y la elocución; a partir de Teofrasto, se añade la pronunciación y, más adelante, como desarrollo de las enseñanzas de los sofistas, se le suma la preceptiva sobre la memoria- y luego a las partes del discurso: exordio, narración, división, confirmación, refutación y peroración.
Básicamente, la Rhetorica ad Herennium recoge una clara influencia de Hermágoras de Temnos (cca. 150 aC.) en lo referente a la teoría de los status y otra, procedente de la escuela de Rodas, que le confiere igual importancia a los procedimientos lógicos de la argumentación (elemento peripatético de clara raiz aristotélica) y a los mecanismos de creación de belleza literaria en el discurso.
  • El análisis de la obra puede encontrarse en ALCINA ROVIRA (1991:31-45) y en MURPHY (1989:126-132), quizá menos sinóptico este último, pero ciertamente más divulgativo.

Fortuna posterior

En cuanto a la pervivencia de la Rhetorica ad Herennium, hay que señalar que fue poco o nada conocida -excepción hecha, quizá, de Quintiliano- hasta el siglo IV de nuestra Era. En este momento, se procederá a copiar lo que la Edad Media nos transmitiría del legado antiguo, y será precisamente la obra que nos ocupa una de las que pervivirán. Uno de los motivos bien pudo ser el que san Jerónimo la atribuyera equivocadamente a Cicerón, lo que le confirió sello de calidad suficiente para ser copiada. Con todo, su uso no estuvo muy difundido en la alta Edad Media y se restringió posiblemente al norte de Italia y sur de Francia.
Sin embargo, a partir del siglo XI comienza a circular con gran fluidez por toda Europa, acompañada por el De inuentione cieroniano; muestra de esa fluidez será el gran número de manuscritos en los que se localiza, en las traducciones vernáculas (antes de 1266 al italiano y en 1282 al francés) con su lógica influencia en la producción literaria de esas épocas -si se traduce del latín, tiene que ser para uso de profesionales de la escritura que no dominan esa lengua pero necesitan la preceptiva para aplicarla-, en su influencia sobre las literaturas vernáculas -seguramente, a través de las artes poetriæ latinas medievales-, y en los comentarios que se le hicieron, ya en el siglo XII.
En resumen, su difusión medieval -a la que España no es ajena, aunque se incorpora tarde- irá ligada al auge de las artes dictaminis del siglo XI, a las artes poetriæ de los siglos XII y XIII y a las poéticas romances, hecho que le proporcionará un indudable prestigio al llegar el Renacimento, aunque entonces cambiará bastante la situación.


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