Marco Tulio Cicerón

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Notas biográficas

Primeros años

Nace el 3 de Enero de 106 aC. en Arpinum -una ciudad del Lacio situada al sudeste de Roma-, en una familia del ordo equestris (la clase social inmediatamente inferior a la de los patricios) que pronto se trasladaría a la capital, donde él y su hermano Quinto
Arpinum
Arpinum

estudiarían las primeras letras. Hacia el año 92, empieza a prepararse para la política estudiando con Mucio Escévola el Augur. En el 88, estalla la guerra social e interrumpe sus estudios. Al término de la contienda los reanuda, esta vez con Escévola el Pontífice, ya que el Augur había fallecido.

Formación académica

Su formación filosófica fue, como él mismo, ecléctica: empezó siguiendo al estoico Fedro, pero pronto se sintió atraido por el académico Filón de Larisa y por los estoicos. En Retórica, asimiló pronto las ideas de Molón de Rodas, que defendía, como miembro que era de la escuela de Rodas, una oratoria más sobria que la de los asianistas, pero más efectista que la de los aticistas.

Primeros pleitos y viaje a Grecia

La primera incursión en las tareas de abogado fue en 81 aC., con Quinto Hortensio Hórtalo como rival; no tenemos noticias del resultado final del pleito, lo que induce a pensar que fue derrotado, ya que, en caso contrario, se habría elogiado ad nauseam el que, con sólo veinticuatro años de edad, hubiera logrado vencer al abogado más famoso y mejor orador de sus tiempos. Sea como sea, su intervención es la que se nos ha transmitido como discurso Pro Quinctio Oratio.
Un año después, en 80 aC, defiende a Sexto Roscio Amerino -Pro Sexto Roscio Amerino Oratio- de la acusación de parricidio que le lanzó Crisógono, liberto del dictador Sila. Su victoria fue total, y quizá más por prudencia que por motivos de salud -a menos que la salud que quisiera cuidar no fuera la actual, sino la futura- viaja a Grecia para proseguir sus estudios. Allí estudiará Filosofía con el académico Antíoco y los epicúreos Zenón y Fedro, y Retórica otra vez con su antiguo maestro, Molón de Rodas.

Comienzo de su carrera política

De vuelta en Roma (77 aC.), se casa con una aristócrata llamada Terencia (76 aC.) y emprende el cursus honorum, la carrera política de duración reglamentada y que conduce, si todo va bien, al ciudadano romano hasta la mayor dignidad de la República: el Consulado. En el año 75 se le nombra quaestor de Sicilia. Sus administrados debieron de quedar bastante satisfechos con su actuación, ya que, en el año 70, le encargan la acusación contra Verres, que había desvalijado la provincia. Contra él pronunciará las famosas In Verrem Orationes, más conocidas como Verrinas, y que le granjearon un sonoro triunfo y una fama no menor.

Cicerón, Cónsul

En 63 aC, obtiene por fin el Consulado, hecho tanto más destacable cuanto que él no era de familia noble, lo que le dificultaba bastante su carrera política. Estaba en el desempeño de su cargo cuando descubrió, denunció públicamente e hizo fracasar, la conspiración de Catilina con sus In L.Catilinam Orationes, o Catilina­rias. No obstante, pecó de premioso e hizo ejecutar a los conjurados sin que mediara la instrucción de causa judicial alguna. Durante toda su vida mantuvo que actuó así para salvar a Roma -¡Afortunada Roma, nacida durante mi Consulado!, llegará a escribir con su habitual falta de modestia-, pero sus adversarios utilizaron tal irregularidad procesal para pedir su destierro, cosa que lograron que ocurriera en 58 aC, aunque al año siguiente (57 aC.) se le permitió volver y reintegrarse en la vida política activa. Su venganza fue tortuosa, y se puede leer en su discurso In L. Calpurnium Pisonem.
  • Para conocer más circunstancias de este discurso, puedes consultar el texto de una conferencia impartida en la Universidad de Jaén por Manuel López-Muñoz con el título de: "En política no hay amistad: Cicerón contra Pisón".

La Guerra Civil

En el año 50-49 aC, estando Cicerón en el cargo de Procónsul de Cilicia, se declara la guerra civil y el Arpinate declara abiertamente su apoyo a Pompeyo; terminada la contienda, Julio César lo perdona con su habitual buen talante. Cicerón, fuera por desconfianza, fuera por rencor, sigue en Cilicia hasta el año 47, en el que vuelve a Roma y se retira de la vida política para volcarse en la redacción de tratados filosóficos y retóricos. En el año 46 aC., muere su hija Terencia, a la que le profesaba un enorme cariño, según leemos en muchas cartas suyas. Cicerón, que confiesa que no puede dormir, se sume en la mencionada producción literaria, acaso como vía de escape de la realidad y como manera de entretener su ocio forzoso.

Los últimos años y el gran error de cálculo

Julio César es asesinado en marzo del año 43 y Cicerón, viendo su oportunidad de volver a la política activa en loor de multitudes, se pone a la cabeza de los partidarios de Octavio -el futuro emperador Augusto- y publica una serie de discursos en los que arremete furiosamente contra Marco Antonio. El tono furibundo de estos discursos seguía el de los que pronunció Demóstenes -por otro lado, su modelo estilístico favorito- en Atenas denunciando las intenciones imperialistas de Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno; "Filípicas" se llamaron los discursos de Demóstenes, "Filípicas" también los de Cicerón contra Marco Antonio, y "filípica" se le dice a cualquier intervención en la que se ataque descarnadamente a un rival .

  • La influencia de las obras de Cicerón en nuestro propio idioma castellano es rastreable. Así, por ejemplo, encontramos el sustantivo catilinaria definido en el Diccionario de María Moliner en los siguientes términos: "Por alusión a los discursos pronunciados por Cicerón contra Catilina, se aplica a un discurso vehemente contra algo o alguien o a una reprensión o crítica violenta, dirigida a la misma persona a quien se refiere o expresada hablando de ella con otras";en castellano, Filípica y Catilinaria son sinónimos y, aunque María Moliner proporcione un origen griego para el primer término -evidente, ya que fueron Filípicas los discursos que lanzó Demóstenes contra Filipo de Macedonia, no es descartable que su entrada en nuestro idioma se viera favorecida por el hecho de que también Cicerón redactara sus "Filípicas".
El problema es que Cicerón cometió un tremendo error de cálculo: al pactar una tregua Octavio y Marco Antonio, la cabeza del famoso orador corría peligro, ya que suponía mantener vivo un notorio testimonio de la enemistad que había existido y que podía volverse a declarar en cualquier momento. Cicerón así lo entendió y huyó de Roma, pero su vida ya tenía puesto un precio: rápidamente, fue capturado y decapitado (7 de diciembre de 43 aC.), y su cabeza y su mano derecha fueron expuestas varios días en el Foro.
  • No es arbitrario ni excesivamente morboso hacer mención de la exposición de esa mano derecha si tenemos en cuenta que la preceptiva retórica sobre la actio establece que ésa es justamente la mano con la que se deben hacer los gestos, entre otras razones no explicadas, seguramente porque la izquierda se utilizaba para sujetar los pliegues últimos de la toga, como se ve en las estatuas de época romana.

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